domingo, julio 14, 2024
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En busca del equilibrio

Comentario de opinión de nuestro colaborador, Jairo Velasco, que narra el viaje a Valencia para animar al Burgos CF y las sensaciones vividas por los aficionados que allí estuvieron.

Salimos el viernes hacia Valencia aún paladeando las positivas sensaciones que nos dejó el equipo en su debut contra la S.D. Huesca; más de cinco horas por delante para comentar e intercambiar opiniones sobre como imaginábamos al equipo esta temporada, sobre las posibilidades que nos ofrecían los nuevos fichajes y sobre las necesidades que aún veíamos en el mercado de fichajes.

En el coche todos coincidíamos en lo mismo, la plantilla había dado un salto de calidad brutal, sobre todo en el fondo de banquillo. Este año cuando Bolo se girara para buscar soluciones, si el partido se complicaba, iba a encontrarlas, y además con posibilidad de utilizar diferentes dibujos y alternativas tácticas que harían de nosotros un equipo mucho menos predecible, lo cual probablemente fue una de nuestras principales carencias en la segunda vuelta de la temporada pasada.

Aún así aún veíamos lagunas en las bandas. El lateral derecho dejaba muchas dudas estando cubierto por Borja González, que apenas fue utilizado por Calero, sobre todo tras un par de errores del madrileño, y Raúl Navarro, un jugador al que ya hemos visto en muchas posiciones, pero que quizás adolezca de la naturalidad que precisa la posición de lateral. Y el lateral izquierdo únicamente ocupado por José Matos, ya que la solución de Ander Martín probada en la pretemporada no convenció. También se habló de la importancia de la más que probable salida de Goldar, que dejaba sensiblemente coja la defensa, de la posible llegada de un mediocentro con algo más de “pie” y hasta de otro delantero con unas características un poco diferentes de las ya vistas en Fer Niño y Edu Espiau.

La ciudad del Turia nos recibió con calor, mucho calor, y también mucha humedad, algo muy poco usual para nosotros como burgaleses y que nos hizo sufrir durante todo el fin de semana. Unos trescientos blanquinegros que recorrieron los casi seiscientos kilómetros entre ambas ciudades para no dejar al equipo solo. Pero de igual manera, ese mismo calor nos lo mostró la afición granota, recibiéndonos con mucho cariño y valorando el crecimiento del equipo y la manera de animar de nuestra hinchada.

Ambas aficiones, que nos unimos en una bonita previa en los bares cercanos al estadio, coincidíamos en que iba a ser un partido mucho más igualado de lo que podían mostrar el histórico. El Levante venía de muchas dificultades en la pretemporada, incluso con dudas sobre su participación en la competición, y desprendiéndose de sus principales estrellas para poder sanear su deuda. Por nuestra parte, el equipo había mostrado una gran evolución desde aquel partido en Villarcayo contra el Racing de Santander, con las ideas mucho más claras en los últimos partidos, llegando incluso a derrotar a todo un primera como el Alavés y dar la cara contra un Osasuna de Conference League; pero sabíamos que tendríamos que cuajar un partido casi perfecto para conseguir los tres puntos.

Aficionados burgaleses en las gradas del estadio Ciudad de Valencia para vivir el Levante-Burgos.

El partido ya todos lo vimos y podemos resumirlo en que poco queda del Burgos C.F. de la temporada pasada y pocas maneras mejores hay para definirlo que con lo ocurrido el sábado en el Ciudad de Valencia.

Si el año pasado exigíamos un fútbol más ofensivo, con el que no se apelara domingo tras domingo al cerocerismo, lo tuvimos; partido atractivo, sobre todo para el espectador neutral, en el que se buscaron las áreas continuamente, mirando más al frente que a la espalda. Pero si sacábamos pecho de las pocas ocasiones que nos generaban los rivales, ya fueran grandes o pequeños, ésta fue la asignatura pendiente en los más de cien minutos que se disputaron en el partido en Valencia.

No estamos habituados a conceder, y menos por errores propios o por falta de contundencia y así sucedió en multitud de ocasiones durante el partido. Si en la pasada temporada parecíamos los más listos de la clase, siempre anticipándonos a las situaciones y resolviendo sin especular, el sábado parecimos un equipo con muchas dudas atrás, cometiendo fallos infantiles, que no se siente cómodo defendiendo tan arriba, que le cuesta recular, y que cuando lo hace no está bien colocado para evadir el peligro. No es algo nuevo de este año, ya Racing y Amorebieta nos hicieron demasiado daño en esas transiciones en los  partidos de pretemporada, pareciendo que esa herida se había conseguido reducir en los según avanzaba la preparación, pero que el sábado volvió a sangrar, y en abundancia.

Aún así gustó la reacción del equipo pese a los tres mazazos, y de la forma en la que llegaron; el Burgos no le perdió la cara al encuentro en ningún momento. Fuimos un equipo valiente, que trató de generar con paciencia y sin abusar de salidas largas, buscando las bandas y tratando el balón con criterio en el medio campo, en especial a los mandos de Mumo y, sobre todo, de Curro, que mejora casi todos los balones que toca. De este modo se consiguió arrinconar a todo un Levante en los últimos veinte minutos de partido, aunque ya más con fe que con fútbol, se tuvieron oportunidades para igualar la contienda.

Al finalizar el partido, en las postrimerías del estadio, el parecer de los aficionados era similar: el Burgos gusta de medio campo para delante, un equipo creativo y con calidad, que genera y finaliza y que plantó cara a uno de los gallos de la categoría, pero que atrás defiende en el filo de un cuchillo, mostrando también menos contundencia de la que era referente en esta Segunda División. De la corrección de esto dependerá la temporada del equipo, ahora le toca a Bolo buscar el equilibrio.

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